
Después de llegar de su luna de miel, Bianca insiste por varios días llamando a su tía, esto realmente la tenía muy preocupada ya que no había un solo día en el que no se hablaran. Alejandro, su esposo, le dijo que se tranquilizara, que quizá ella estaba muy ocupada con sus obras de caridad, pero eso para Bianca no era motivo suficiente para no preocuparse porque ella conocía a su tía y sabía que algo estaba pasando.
Al día siguiente, Bianca llegó a su casa y se dio cuenta que había un mensaje en la contestadora, “Buenas tardes, soy Bruno Travi, el abogado de su tía Giovanna Guhors, por favor comuníquese conmigo al teléfono 011 4348 8000, en cuanto pueda. Es urgente. Gracias”.
Este mensaje dejó a Bianca muy angustiada, y así quedó por muchas horas más, ya que por la diferencia de horario ella no podía llamar a Buenos Aires. Cuando por fin le coincidieron los horarios, Bianca se comunicó con Bruno, el abogado de su tía. Éste le informó que su tía había fallecido y que solicitaba su presencia de inmediato en Buenos Aires porque su tía la había dejado heredera de toda su fortuna. Bianca se derrumbó, apenas estaba saliendo del dolor causado por el infarto de su padre. Ella no podía creer que eso estuviese pasando, su tía era su cómplice, su apoyo, su amiga, fue una mujer que estuvo a su lado incondicionalmente.
Destrozada por el dolor, Bianca llegó a Buenos Aires, estaba asustada de no poder afrontar ese dolor tan grande sola, pues su esposo no la había podido acompañar por motivos de trabajo.
Bianca se encontró con Bruno y le pidió que le explicara qué había pasado con su tía. Él le respondió que su había muerto de cáncer y que era su voluntad dejarle toda su herencia a ella, también le dijo que su tía había sido cremada tal y como había pedido, y que sus cenizas se encontraban en el cementerio “Parque Eterno” para ser enterrada.
Al llegar al cementerio y después de recibir las cenizas de su tía, Bianca se dispuso a enterrarla. De rodillas, en frente de la lápida, Bianca no dejaba de llorar y de pedirle perdón, se culpaba por no haber estado al lado de ella en sus últimos días.
Cuando ya le estaba dando el último adiós, Bianca sintió que algo la golpeó en su pierna izquierda, cuando miró, era un rollo fotográfico. Subió su mirada de inmediato para saber a quién se le había caído, encontrándose de frente con un señor mucho mayor que ella.
José Ignacio:
Señorita, discúlpeme, que pena con usted.
José Ignacio:
Yo no quiera perturbarla, ni pasar por encima de su dolor.
José Ignacio:
Me imagino que debe estar en una situación muy delicada.
José Ignacio:
Yo creo que es mejor que yo la deje sola.
José Ignacio:
Le doy el rollo.
José Ignacio:
Solo tomé un par de fotos suyas.
José Ignacio:
De nuevo me disculpo.
Bianca:
No se preocupe.
Bianca:
Pero dígame ¿qué hace aquí?
José Ignacio:
¿Yo?
José Ignacio:
La verdad no sé muy bien.
Bianca:
¿Por qué lo dice?
José Ignacio:
Venía a realizar un trabajo pero no pude concretar nada.
José Ignacio:
Así que empecé a recorrer el cementerio a ver que podía encontrar.
Bianca:
¿Y qué clase de trabajo?
Bianca:
¿Por qué en un cementerio?
José Ignacio:
Señorita usted ¿si se encuentra bien?
José Ignacio:
Me da pena con usted... semejante dolor y yo contándole por qué estoy acá.
Bianca:
La verdad es que estoy muy triste, mi tía murió y no estuve aquí para despedirme de ella.
Bianca:
Pero dígame ¿qué hace aquí?
José Ignacio:
Vine a hacer un reportaje sobre Maradona y aproveché la muerte del político éste para poder encontrarlo y concretar algo personalmente.
Bianca:
Acaso ¿es usted periodista?
José Ignacio:
¿Periodista?
Bianca:
Sí.
José Ignacio:
Yo me considero un guerrero... no un simple periodista.
José Ignacio:
Pero si hablamos de profesiones soy reportero gráfico.
Bianca:
Qué pena. No quise ofenderlo.
Bianca:
Y ya que no pudo realizar su reportaje, que más lo detiene en Buenos Aires?
Bianca:
Acaso ¿va a seguir intentándolo?
José Ignacio:
Bueno la verdad es que tengo mucho tiempo y mi jefe me mando también a descansar.
José Ignacio:
En estos momentos no quiero hacerlo, Maradona ha sido uno de mis ídolos y hoy me desilusionó.
Bianca:
Lo entiendo. Pero a veces en la vida uno tiene que luchar para conseguir lo que quiere.
José Ignacio:
Sí, es verdad, pero últimamente mis trabajos los han subvalorado.
Bianca:
Llevamos un tiempo hablando y aún no me dice su nombre.
José Ignacio:
Me llamo José Ignacio Benavides.
José Ignacio:
Mucho gusto.
José Ignacio:
¿Cómo es su nombre?
Bianca:
Mucho gusto, mi nombre en Bianca.
José Ignacio:
Bianca... si me permite preguntar ¿Qué hace una mujer tan bella como usted sola en lugar como este?
José Ignacio:
Me parece inapropiado y nostálgico verla aquí sola.
Bianca:
Ayer me llamaron a anunciarme sobre la muerte de mi tía, ella fue como una madre para mí, me vine de inmediato para Buenos Aires pero fue tan rápido todo que mi esposo no me pudo acompañar.
Bianca:
Estoy muy triste y me siento muy sola.
José Ignacio:
La entiendo.
José Ignacio:
La muerte de un ser querido es la peor tragedia que puede sentir una persona.
Bianca:
Y aun más cuando ese ser querido era la persona más importante en mi vida, era mi apoyo, mi amiga.
Bianca:
La voy a extrañar mucho.
José Ignacio:
Claro.
José Ignacio:
Y ¿de qué murió su tía?
Bianca:
Murió de cáncer. Me lo dijo su abogado. Ella no quiso que yo me enterara.
Bianca:
José Ignacio me disculpara mi atrevimiento y confianza, pero si no tiene nada más que hacer en este lugar lo invito a que nos tomemos una taza de café.
Bianca:
Conozco un buen lugar, y así podemos hablar y quizá nos sintamos mejor.
José Ignacio:
No es atrevido, no se preocupe.
José Ignacio:
Ahora, creo que es necesario que yo la invite.
José Ignacio:
Bianca:
Por supuesto. Permítame unos segundos me despido de mi tía.
Bianca:
Y vamos al lugar del que le hable, es un lugar tranquilo y sirven el mejor café de todo Buenos Aires.
José Ignacio:
Claro que sí, la dejo para que despida de su tía.
José Ignacio:
La espero en aquel muro.
Bianca:
De acuerdo. Gracias.