Cuando Bianca se organizó en París, empezó su dura y larga carrera como diseñadora. Su primer encuentro lo tuvo en la Compañia Homburt Confection.Allí entró a trabajar como aprendiz, volviéndose al poco tiempo la mano derecha de su jefe Lina Homburt, diseñadora de ropa para hombres.
Aunque ella siempre supo que iba a ser difícil, nunca se imaginó que allí su trabajo iba a ser tan poco valorado. Era la encargada de hacer los pedidos de tela sin tener autonomía en ello, pues estaba siendo supervisada en cualquier decisión que tomara.
Bianca pensó que por mantener contacto directo con su jefe, tenía una gran oportunidad de hacer algo diferente a los pedidos de telas.
Con el sueldo que ganaba, más la media beca que había conseguido, Bianca pudo comenzar su carrera en la Universidad Chantua Florence (una de las universidades más prestigiosas de la ciudad).
Después de 11 meses de estar desempeñando el mismo trabajo en la empresa y ya cansada que no valoraran su trabajo como ella se lo merecía, y de no poder desempeñarse como diseñadora, Bianca tomó una decisión que podía llegar a empañar sus sueños para toda la vida.
La mañana del viernes 3 de diciembre del 2010, Bianca recibió un sobre para su jefe, pero cuando se da cuenta que el remitente era el gran diseñador Gunish Garrish, Bianca decidió abrirlo, aun sabiendo que estaba leyendo correspondencia ajena y que no estaba autorizada para ello.
Después de abrir el sobre, Bianca se dispuso a leerlo, en el encontró una invitación para participar en un evento que daría por premio un importante desfile en la ciudad. Bianca aprovechándose de esta información, se fue para su casa con la excusa que se encontraba indispuesta.
Ya estando en su casa, Bianca desempolvó todos sus bocetos que desde años atrás había dibujado y los puso en un sobre.
Al día siguiente Bianca llegó a su oficina más temprano de lo normal, estaba decidida a enviar esos bocetos para poder así, tener la oportunidad de ser reconocida por su talento y no por solo hacer solo pedidos de telas.
Cuando estaba sellando el sobre, Bianca pensó que al enviar ese sobre podía llegar a ganar un desfile, un desfile que la haría famosa, ¿pero hasta cuándo?, ¿acaso puede más el deseo que su propia moral?, después de hacer eso ¿podría estar tranquila?, fueron preguntas que Bianca se cuestiono sin poder encontrar respuesta alguna.
Desesperada, Bianca se fue para su casa dejando el sobre guardado en un cajón de su escritorio y sin decirle nada a su jefe.
Esa noche, después de llegar a su casa, Bianca se preparó una taza de café y se sentó en la alfombra de su sala, sacó sus bocetos y empezó a llorar.
Pasadas las horas y ya desesperada Bianca llamó a su tía Giovanna con la intención de contarle lo que estaba sucediendo y de esta manera la pudiera aconsejar. Apenas contestó su tía, Bianca no fue capaz de contarle nada, pues esta vez, a diferencia de otras, Bianca sintió a su tía un poco cabizbaja y solo pensó en que podía hacer ella para ayudarla.
Después de largas horas de conversación, Giovanna, la tía de Bianca, le dice pregunta cómo vas con tu trabajo, ¿estás feliz?, pero ella no pudo responderle, el silencio fue la única respuesta que recibió, por lo que Giovanna le dijo, sino quieres hablar te entiendo, solo no olvides que puedes contar conmigo en cualquier momento, a veces es bueno desahogarse. Te quiero y cuando estés lista para decírmelo aquí estaré para escucharte, fueron las últimas palabras que Bianca escucho de su tía antes de colgar.
Al día siguiente Bianca se levantó con un fuerte dolor de cabeza por todo lo que había llorado en la noche anterior.
Se bañó y se sentó en una mesita que tenía en la cocina y se tomó un café.
Después de pensarlo muchas veces, se decidió a llamar a su tía y contarle lo que estaba sucediendo.

