
Llegó el lunes y Bianca como todos los días de la semana llegó a su oficina muy temprano. Su conciencia no la dejaba concentrar, solo oía aquellas palabras que su tía le había dicho. Pensaba y pensaba por lo que decidió ir a la oficina de Lina (su jefe). Al entrar fue inevitable que se le salieran las lágrimas.
- ¿Qué te pasa?, ¿Te puedo ayudar en algo? Pregunta Lina.
- Si. El pasado viernes recibí un sobre que venía dirigido a ti, y de forma atrevida lo abrí, al enterarme que había una invitación por parte del diseñador Gunish Garrish, me callé y por un momento se me pasó por la cabeza participar en ese concurso a espaldas tuya. Estoy muy arrepentida.
- Pero ¿Qué te llevó a querer tomar esa decisión?
- llevo más de un año trabajando en esta empresa y nunca se me ha dado la oportunidad de poder mostrar el talento que considero tengo para diseñar, sé que esto no es motivo para hacer lo que hice. Estaba desesperada y por ello me siento muy mal.
A diferencia de lo que Bianca pensó, Lina no la corrió de la empresa, todo lo contrario, le dio la oportunidad de participar en el concurso con sus propios diseños, porque aunque sabía que Bianca había abusado de su confianza, se necesitaba de mucha fortaleza para confesar algo así.
Esa misma anoche, al llegar Bianca a casa, desempolvó aquella máquina de coser que había comprado cuando vivía con sus padres y empezó a diseñar.
Así fue durante seis semanas, en la hora del almuerzo aprovechaba para ir a comprar telas, salía del trabajo y llegaba a su casa a dibujar.
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