
Después de dos intentos de llamadas a su tía.
- Hola tía, Soy Bianca.
- ¡Hija! Que agradable escucharte, anoche me quedé muy preocupada, ¿estás bien?
- No. Me siento muy confundida.
- ¿Es por el trabajo?
- Si. No quisiera interrumpirte alguna actividad. ¿Estás ocupada?
- Hija cuéntame, tú sabes que aunque lo estuviese siempre saco tiempo para ti.
- Gracias.
- No llores, no me gusta sentirte triste sabiendo que estoy tan lejos y tu estas tan sola.
- Tía estoy desesperada. Ayer casi cometo un error, pero lo que más me preocupa es que todavía siento que lo debo hacer, siento que no debo dejar pasar esta oportunidad.
- ¿Pero de que hablas? Trata de calmarte un poco porque no te estoy entiendo nada.
- Ayer abrí un sobre que era para mi jefe y en el venia una invitación para participar en un concurso, el sobre lo envió Gunish Garrish.
- ¿Gunish Garrish? ¿El diseñador con el que siempre has querido trabajar?
- Si. Pero eso no es todo, hice todo para enviar mis bocetos a espalda de mi jefe.
- ¿lo hiciste? ¿Enviaste esos bocetos?
- No.
- Bianca en la vida hay momentos buenos y malos, estamos felices o tristes, en acuerdo o en desacuerdo, sentimos que la vida es injusta con nosotros, pero la sabiduría está en saber porque nos pasan esas cosas, para saber cómo enfrentarlas. Trata de sacar siempre lo bueno de cada cosa mala que te suceda en la vida.
- Tía pero no es fácil. ¿Cómo hago?
- primero debes empezar por calmarte y cuando estés en calma debes recapacitar y poner en una balanza lo bueno y lo malo, y por ultimo no debes enviar ese sobre.
- Gracias. No sé qué haría sin ti, mi angelito de la guarda.
- Me alegra escucharte una sonrisa. Te quiero.
- Chao tía, y nuevamente gracias por escucharme siempre que lo necesito.
- Chao.
Después de colgar el teléfono, Bianca considera que su tía tiene razón, ella debía tomarse las cosas con calma.
Bianca se fue para un cuarto de su casa en donde había algo parecido a una oficina. Allí empezó a ver el primer cuaderno que su tía le había regalado, cuando abrió un cajón para sacar un lapíz, se cayó al suelo una tarjeta, tarjeta que más adelante le haría la vida más felíz.
Más adelnate, cuando estaba tranquila, Bianca llamó al teléfono que había en dicha tarjeta.
- ¿Alejandro?
- Si. ¿Con quién hablo?
- Habla Bianca.
Y así empezó la conversación que daría fin esa tarde en la misma cafetería en que se habían conocido.
Eran las 4:30 pm cuando Bianca llegó a “Ile-de-París”.
Después de dos cafés Bianca pensó que con él se sentía muy bien, había logrado olvidarse por completo de todo. Por lo que sin dudarlo, y dejando atrás su timidez, le propuso que se volvieran a ver.
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